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“No soy de aquí, ni soy de allá…”

Víctor Alarcón Zambrano

Continúan en el país las deportaciones, medida que parte del país aprueba pero que tiene una oposición cada día mayor de otro gran número de americanos respaldados por importantes entes comerciales, agricultores, constructores, iglesias y hasta lideres políticos. Solo ha cambiado la publicidad acerca de este proceso que marca la xenofobia de la administración ante millones de extranjeros que llegaron buscando el sustento que no encuentran en sus países de origen.

Según datos oficiales, en el término de 250 días 1millón 600 mil extranjeros abandonaron voluntariamente el país y 400mil más fueron deportados.  

Muchas operaciones han generado la indignación general. Veamos una sola operación, 238 venezolanos fueron expulsados y entregados a las cárceles de máxima seguridad de Bukele en el Salvador, acusados de pertenecer al denominado tren de Aragua, aunque ese cargo no fue confirmado en la mayoría de ellos.

Un caso muy particular lo forma el enorme contingente de personas que siendo bebe, párvulo o quinceañero, fueron montadas por sus padres en un avión o barco, para llegar, quizás en contra de su voluntad, a una tierra lejana y extraña, y también, los adoptados por parejas estadounidenses. Es un grupo humano que hoy está entre los 40 y los 70 años, la mayoría con documentos legales pero sin la ciudadanía, y como tal pueden ser objeto de deportación. 

Las organizaciones defensoras de los derechos de los adoptados reportan un inusual aumento de solicitud de defensa ante la amenaza del gobierno de Trump de ser expulsados, pues si bien es cierto tienen documentos legales adquiridos en el proceso de adopción, no cuentan con la ciudadanía americana.

Para la abogada especializada en derechos civiles Emily Howe, los adoptados han estado en un limbo inmigratorio desde hace muchos años y con la llegada del señor Trump al poder la situación está mucho más complicada. Se requiere de una voluntad política entre el congreso y el ejecutivo para legalizar a quienes se criaron y dieron alegría bajo una familia americana. Estas personas deberían tener los mismos derechos que sus hermanos biológicos.

Muchos se esconden y han dejado sus estudios, su trabajo o cambiado su rutina diaria ante el temor de una deportación. 

Las razones para esta supuesta “ilegalidad” son varias, pero la principal es la conducta de los adoptantes que no finalizaron el proceso para asegurar la ciudadanía americana a su adoptivo. 

Paul McStern, padre adoptivo dijo, “la alegría de su llegada hizo que olvidáramos la parte legal más importante. Pasaron los años y nada hicimos. Hoy, a nuestro pesar, nuestra hija adoptiva paga la culpa de nuestra desidia”

Shirley su hija, culpa a sus padres, a la escuela y al mismo gobierno. Cuando a los 38 años quise conocer mi país de origen, Irán, me negaron el pasaporte y ahí entendí el error cometido. Todos me gozaron, pero también todos se desentendieron de mí. Me adapté a la vida aquí, me crie aquí, vivo aquí y creo que soy de aquí. 

Debbie Price, adoptó dos niños con necesidades especiales en 1990, en un orfanato en Rumania, victimas del abandono infantil en ese país.  Los vio en un documental de TV denominado “la vergüenza de una nación”. En mayo pasado, de nuevo se les negó la ciudadanía y si en 30dias no solucionaba el problema los chicos deberían ser entregados al Departamento de Seguridad Nacional y seguramente deportados a un país que no necesariamente es el de su origen.

Esta difícil situación migratoria para personas que fueron traídas legalmente al país vía adopción internacional, cobija a ciudadanos de todas las naciones, incluyendo por supuesto colombianos. Es difícil admitir que una nación de leyes, no incluya en ellas el derecho a la nacionalidad al ser adoptado por sus nacionales.

Sobre este tema existe una ley del año 2000, llamada “Ley de Ciudadanía Infantil” que otorga ciudadanías instantáneas a las adopciones internacionales, con retroactividad a los adoptados después de febrero de 1983. Quienes llegaron antes de esta fecha son quienes están en un limbo y son sujetos de deportación.Definitivamente, ningún extranjero puede estar tranquilo en suelo americano, porque le puede sonar la canción de Facundo Cabral que encabeza nuestro articulo… “no soy de aquí, ni soy de allá…..”

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