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¿Y quién paga por mis errores?

Víctor Alarcón Zambrano

Especial para Demócratas

Tres semanas de guerra en Irán solo han dejado cientos de muertos, una considerable alza en el precio del petróleo, destrucción en Israel y en Catar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait, países que no tienen culpa del conflicto, y la conformación de un frente terrorista en el Líbano, donde Israel lucha contra Hezbolá. Autoridades libanesas confirmaron el desplazamiento de más de un millón de personas y de 130.000 hacinadas en 600 albergues colectivos.

Ante los ataques de Irán, el presidente Trump dijo: “Estoy conmocionado. No se suponía que atacaran a todos estos países de Oriente Medio. Los misiles estaban destinados a ellos, nadie lo esperaba. Estamos atónitos”.

Y, como el conflicto es de dos puntas, el ayatolá Abbas Araghachi le respondió: “Sin duda nos defenderemos y continuaremos hasta el final; lucharemos lo que sea necesario. Ya les mostramos con qué tipo de nación están tratando”.

Millones de personas han sido desplazadas, especialmente en el Líbano e Irán, y el conflicto, que afecta la economía mundial, pone en peligro la paz global. Además, varios países aliados de Estados Unidos, que aún se resienten ante la amenaza de tarifas arancelarias y la ambición sobre Groenlandia, no aceptan las presiones del señor Trump y han negado ayuda para garantizar el normal tránsito a través del estrecho de Ormuz, punto clave para el paso del petróleo y del gas licuado. Una quinta parte del petróleo crudo mundial pasa por el estrecho, y Trump ha pedido a sus aliados que envíen buques de guerra para escoltar a los petroleros; hasta ahora, sin éxito. Incluso el futuro de la OTAN está en peligro, pues esta organización ha dicho enfáticamente que “esta guerra no es asunto nuestro”.

Hasta Japón, Australia, Polonia, España, Grecia y Suecia se han marginado del conflicto. Lo mismo ha hecho la Unión Europea, reclamando que “se lanzó una guerra sin aviso previo, esperando que los aliados se encargaran de solucionar el problema y pagar sus pérdidas, y eso no funciona así”.

Pues bien, ante este panorama, analistas políticos en Estados Unidos comienzan a creer que el único responsable de esta situación es el presidente. Como en varias ocasiones, ha utilizado poderes por encima de lo ordenado en la Constitución. El Congreso no ha sido avisado en este ni en otros casos, y la Corte Suprema y algunos jueces han suspendido varias de sus órdenes ejecutivas (léase, decretos).

Aseguran que Trump continúa con su habilidad comercial de más de 40 años, haciendo que otros paguen por sus pérdidas y sus errores. Colocan como ejemplo de su manipulación y astucia el caso de su imperio de casinos en Atlantic City, cuando perdió 1.100 millones de dólares. Se declaró dos veces en bancarrota, consiguió préstamos por 1.800 millones y se pagó a sí mismo 82 millones. ¿Cómo lo hizo? ¡Averígüelo, Vargas!

En seis oportunidades solicitó ante las cortes la protección de sus intereses, amparado en el Capítulo 11 de bancarrota, saliendo exitoso en cada ocasión y más fortalecido en su economía personal. Siempre ha encontrado quién enmiende sus errores y pague por sus pérdidas.

Lo diferente es que en el mundo de la diplomacia y el comercio internacional no funcionan estas tácticas.

Trump no quería que Irán se enriqueciera con el uranio. Como fracasó en sus conversaciones, lo amenazó y, de paso, a los países europeos con alza en aranceles, rompiendo el acuerdo nuclear con Irán y planteando la toma de Groenlandia. Buscó aliados exigiendo colaboración para vigilar la vía marítima del estrecho de Ormuz, pronosticando un mal futuro en las relaciones si no estaban de acuerdo. Mejor dicho: yo me beneficio, pero ustedes hacen el trabajo sucio. En el mundo, las cosas no funcionan así. Todos se negaron a respaldarlo y de ahí la guerra.

Por eso, tres semanas después, no hay a quién pedir apoyo: se encuentra solo, no hay quien asuma las pérdidas y no hay salida a la vista. El estrecho de Ormuz transporta entre el 20 % y el 25 % del suministro mundial de petróleo a países distintos, no aliados con Estados Unidos. No se puede reestructurar. No se puede declarar en bancarrota. Y, ahora mismo, está prácticamente cerrado.

Aquí no hay quien pague por mis errores y pérdidas.

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