Carlos E. Lagos
En un país acostumbrado a discursos grandilocuentes y promesas incumplidas, Bogotá empieza a ofrecer una señal distinta. Bajo la administración de Carlos Fernando Galán, la ciudad avanza en un estilo de gerencia pública que no se mide por las palabras, sino por los resultados. Y los resultados, como se sabe, son innegables.
Infraestructura que transforma la ciudad
El arribo del primer vagón del Metro a Cartagena es más que un símbolo: es la prueba de que un sueño aplazado por décadas comienza a tomar forma. A la par, se trabaja en la ampliación de la Avenida Boyacá, la nueva Caracas Sur y la red de troncales de TransMilenio. Bogotá, además, inauguró en Usme el patio de buses eléctricos más grande de América Latina, un paso firme hacia una movilidad sostenible que pone a la ciudad en la vanguardia regional.
Justicia social en la mesa de los más vulnerables
Gobernar no es solo levantar obras, también es garantizar que nadie se quede atrás. La ampliación de los comedores comunitarios —de 117 a 129— y la proyección de 36 adicionales, para un total de 50 nuevos durante este gobierno, son un ejemplo claro de cómo se teje justicia social: con el pan compartido, no con discursos vacíos. Programas como Jóvenes a la E y el Ingreso Mínimo Garantizado refuerzan esa idea de que la política pública debe proteger la dignidad de cada ciudadano.
Espacio público recuperado para la gente
La ciudad también se mide en lo cotidiano. En Tunjuelito, una “llantatón” permitió recuperar un espacio invadido; en Kennedy, el barrio María Paz ganó de nuevo sus calles antes dominadas por el desorden; en la Séptima, zonas asediadas por el microtráfico volvieron a ser transitables. No son gestos simbólicos, son resultados concretos: devolver a la ciudadanía lugares que le pertenecen por derecho.
Seguridad con tecnología y comunidad
La inseguridad sigue siendo uno de los mayores retos, pero se han dado pasos significativos. La implementación de un sistema interoperable de cámaras de videovigilancia fortalece la capacidad de respuesta y permite articular esfuerzos con la Policía y la Fiscalía. La seguridad, sin embargo, no depende solo de la fuerza pública: exige frentes comunitarios, confianza en la denuncia y un trabajo constante que construya convivencia.
Una gerencia pública que marca diferencia
La gestión de Galán no está exenta de críticas ni pretende ser perfecta. Lo relevante es que en medio del ruido político —donde abundan las estrategias para desdibujar cualquier logro— los resultados se muestran. La ciudadanía no es ciega: reconoce cuando sus impuestos se convierten en obras, en programas sociales, en espacios recuperados y en movilidad digna.
Lecciones para Colombia
Quizás el valor más grande de esta experiencia sea su proyección. Bogotá empieza a demostrar que gobernar con gerencia pública es posible: que el cemento, la seguridad y la justicia social no son mundos separados, sino piezas de un mismo modelo. Un modelo que, si se replica en otras regiones, podría ayudar a resolver la eterna frustración del país frente a sus instituciones.
Cuando los resultados se muestran, el discurso se vuelve innecesario. La ciudad habla por sí misma, y esa voz puede convertirse en la inspiración que Colombia necesita.





Octavio Cruz González
septiembre 5, 2025 at 4:37 pmCuando se utiliza la parcialidad política se comete el error de pensar más con los deseos que con la realidad, la alcaldía de Galán no pasa de ser otra repetición de las mismas frustraciones vueltas costumbre en un país descuadernado por oposiciones naturalizadas