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Bendito sea el fruto de tu vientre, Colombia

Alexander Velásquez

“¡Pelotón! ¡Preparen! ¡Apunten! ¡Viva Cristo Rey, y fuego!”.

¿Se le puede llamar terroristas a unos niños que fueron sometidos por otros y desprotegidos por el Estado? ¿No son más bien víctimas de un mundo terrorífico que les niega la posibilidad de morir de viejos y de muerte natural?

“Ave, Caesar, morituri te salutant”

(Salve, César, los que van a morir te saludan)

Abe… lardo.

Los que ya murieron, también te saludan, mientras pasas por su lado.

(Qui iam obierunt, te quoque salutant, dum praeteris, en mi flojo latín)

La muerte es el fin. El fin que justifica el espectáculo.

El muerto al hoyo y el resto al baile.

El señor presidente se pavonea entre cadáveres. ¿Hubiera querido levitar? “Solo le faltó escupir”, dijo un presentador español, alelado y aterrado. “Solo le faltó patear los cuerpos”, dijo Jaime Bayly.

Los conté. Conté los cadáveres. Eran 23. Dicen que tres eran niños. Como el Salmó 23: Recemos por sus almas, las de los niños.

Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;

Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Por el callejón, complacido caminaba el presidente. ¿Hubiera querido levitar?, insisto en preguntar. No faltará el que piense que el hombre más poderoso de Colombia también estuvo en el campo de batalla.

“Ni siquiera prestó el servicio militar”, me dice la doña que vende aguacates en la esquina.

—¡¡¡¿Si vio, si vio?!!!, me preguntó maravillada la señora de las ensaladas, evangélica ella. 

—Si, doña, si vi la puesta en escena. Parecía el teatro de la muerte.

Un teatrón (sin h), mejor dicho.

Esos muerticos estaban como para alquilar, ¿sí o qué?

¡Qué bolsas tan límpidas para ir al más allá!

Más blanco no se puede.

—Pensé que eran mulas con estupefacientes, escuché a un señor decirle a otro en el Transmilenio.

Estupefactos, todos tienen (tenemos) una opinión sobre el tema.

Porque en esta locura digital, todos queremos tener velas en el entierro. Estaban ahí, tendidos sobre el suelo, pero no cubiertos con mantas blancas como en las películas.

Sobre esas bolsas mortuorias nadie lleva la cuenta. ¿O sí? De pronto, el fabricante. El trofeo de la victoria. En plural, porque eran varios trofeos. El presidente debe estar saboreando el triunfo con unos güisquicitos. O un ron Defensor.

¡Viva Cristo Rey, carajo!

El mundo debe saberlo. Las imágenes de los abatidos vuelan presurosas desde Miraflores, Guaviare: la vuelta al mundo en segundos, no en 80 días.

Hombre, si hasta los muertos merecen un poco de respeto. Una cosa es la maldad humana, y otro la dignidad humana.

Si hicieron fotos de sus rostros, mejor que las rompan, no sea el diablo que circulen por el inframundo virtual.

El periodista Santiago Ángel se pregunta en X si era necesario caminar entre cadáveres para anunciar las matemáticas de una operación militar.

El video de la escena fue silenciado.

Ojalá pudiéramos silenciar también los fusiles.

Ojalá.

Desde una de las cuentas oficiales del señor presidente, le responden al periodista con un escueto Sí, sin más explicaciones…

Como para que no siga preguntando. O como para que deje de preguntar. Son cosas bien distintas. En todo caso.

No siempre sirve tener apellido angelical.

Me acordé de Azrael. El ángel de la muerte. Aquella figura mitológica encargada de recibir las almas.

Los muertos le hacen la calle de honor al señor presidente.  

Ellos muy tiesos. Y él, muy majo, con cachucha en vez de sombrero, señala aquí y allá.

Sabe contar.

No sabemos lo que dice, pero podemos estar seguros de que los muertos ya no tienen oído.  

Ni oído ni odio.

Pertenecían a las disidencias de las FARC. Disidencias porque las FARC ya no existen. Menos mal. O un mal menos, dirá el señor presidente.

En un trino para la posteridad, el mandatario advierte con valentía: “A los bandidos les queda la rendición total o la baja en combate”.Y para cerrar su inventario, suelta un viva, como los que se escuchaban durante la dictadura española, francamente.

“¡Que viva Cristo Rey!”, escribe el señor presidente, con buena ortografía.

O escribe por él algún asistente. No sabemos.

Son las bajas de las primeras operaciones militares de un gobierno que va camino a sus primeros cien días.  O sus primeras 100 bajas.

Y que quiere llegar a fin de año con un balance robusto. Hay que celebrar cada batalla ganada y nada mejor que una transmisión en vivo y en directo con los muertos. ¿Acaso otro capítulo más de la sinrazón de la guerra?

¡Qué genios somos alentando la barbarie mediática, pero qué incapaces hemos sido de buscar caminos civilizatorios para detener esa barbarie!

Bendito sea el fruto de tu vientre, Colombia.

Crearon la guerra y les quedó grande disolverla. Cada gobernante pasa a la historia perdiendo el año con la paz. Falta poco para que perdamos el juicio.

De seguir así, llegaremos desquiciados al Juicio Final.

Eso sí, son genio y figura hasta la sepultura.

La única paz posible es la que reparte el cura los domingos y gratis.

En esos golpes a los terroristas, varios niños han perdido la vida.

Y la seguirán perdiendo gobierno tras gobierno, combate tras combate, operación tras operación, celebración tras celebración.

¿Y por qué los pequeños van a la guerra?

Ah… pues porque los niños son el futuro, ¿no?

Sin presente, les queda el futuro. Algo es algo.

Y lo seguirán siendo, incluso si se les arrebata el derecho de llegar a viejos en vez de llegar al monte.

De eso se habla muy rara vez en Colombia.

Nos tapamos ambos ojos, por Dios bendito, pero luego todo sigue como si nada. Así somos. Y el que es, no dejará de ser.

En Colombia nos volvimos expertos en cambiar el tema.

Porque el de ayer es cuento viejo y el de hoy está más bueno.

Cambiamos el tema tanto entre un minuto y el siguiente, que qué importa lo que nos horrorizó ayer, si algo nuevo nos horrorizará mañana, para variar.

En esas nos la pasamos.

A los niños quién los mandó a nacer donde hay conflicto.

Hubieran podido escoger nacer en la ciudad, ¿no?

Y no allá, en semejante lejura.

Allá y más allá donde no llega ni el Dios misericordioso, aunque últimamente le ha dado por privar al mundo de su misericordia.

Pero dejemos claro que Dios está en todas partes.

Está sí, aunque esté maniatado.

Por favor, quítenles las armas a los niños y devuélvanles los juguetes.

Primero resolvamos si al usar la expresión niños están incluidas las niñas, porque sentados podemos esperar a que lo importante se resuelva solo.

La idea de invisibilizar a las niñas fue una ocurrencia a la señora directora del ICBF. Ojalá sea la primera y la última niñada.

Para qué ilusionarse. Un día de estos sienta cátedra sobre la niñez terrorista.

Y hablando del rey de Roma, o la reina, porque la directora es mujer y no hombre, dizque a un hogar de ese Instituto enviaron el menor capturado en la operación Azarías.

Que eso dijo el señor presidente.

En adelante cada operación tendrá bautizo celestial.

¿Quién sería el genio que puso el nombre?

Bendito mi Dios, un niño menos para la guerra.

¡Y salió vivo!

¡Un milagro en la Patria Milagro!

Y volviendo al tema del ICBF, ¿alguien ya verificó la historia del niño capturado?

Volvamos al principio.

¿Qué representa un show mediático en la Colombia del siglo XXI?

“¡Viva Cristo Rey, y fuego!” es la frase con la que un hombre desafía al pelotón antes de morir.

Se hizo popular en boca del Chente Fernández en la canción El martes me fusilan. A este hombre lo condenan a muerte por sus creencias religiosas. A los 23 muertos colombianos los exhibieron un miércoles; es posible que alguno de ellos, si no varios, si no todos, se hayan encomendados al mismo Cristo antes del último suspiro. Porque donde hay tropel, ahí ha estado Dios por secula seculorum.

De eso habla otro himno católico:

Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey
El grito de guerra que enciende la tierra
Viva Cristo Rey, nuestro soberano Señor
Nuestro capitán y campeón
Pelear por Él es todo un honor
.

Porque si Mambrú va a la guerra, pues Dios no se iba a quedar.  El señor presidente está henchido de orgullo por la operación Azarías.  

Un nombre hebreo que se repite en las Santas Escrituras:

Significa “Yahveh ha ayudado”.

Cierto: “Ayúdate que yo te ayudaré”, dijo el Señor.

El mismo Arcángel Rafael dice ser “Azarías, hijo del gran Ananías.

“Las imágenes de la muerte están en los conflictos, en la guerra antiterrorista, en la guerra de Chechenia y en la guerra contra Sadam e Irak. La muerte filmada está en el centro de la batalla. Para suscitar el espanto o generar el odio”, escribía en 2010 Javier Callejo en su crítica al libro “La muerte como espectáculo”, de Michela Marzano.

La muerte nos convoca siempre, ahora en vivo y en directo desde nuestros móviles.

Y todavía falta el trofeo mayor: un tal Iván Mordisco.

Por ahora, lo protege Jehová, Adonaí, Yahvé… Yo qué se.¿A dónde van los niños cuando mueren en la guerra? Al cielo, porque el infierno para ellos era este.

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