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La Petrocracia

Juan Pablo Romero Peña

Analista político independiente

Escribo esta columna pensando en lo mediocre y paupérrima que ha sido la oposición al gobierno del presidente Gustavo Petro. Y hago una aclaración: no soy petrista. Sin embargo, en estos tres años y medio de gobierno, hemos visto que todo el debate nacional gira alrededor de su persona; sí, como lo leen: si tiene amantes o si se levanta tarde.

Por supuesto, el presidente es una figura importante, pero si se le va a cuestionar, que sea con argumentos serios y no con cosas que pertenecen a su vida personal. Lo más preocupante es que durante días enteros el debate gira en torno a estos temas que no aportan nada al país.

Se necesita seriedad. La oposición debería centrarse en cifras, en propuestas y en temas realmente importantes. No es justo que todo gire alrededor del presidente, porque así el debate pierde sentido.

En estos años hemos visto lo que yo llamo “la petrocracia”: una dinámica en la que la oposición ha creado, consciente o inconscientemente, un culto alrededor del presidente. Esto termina alimentando a ambos lados: el presidente hace cosas que provocan a la oposición, y la oposición responde buscando nuevas razones para confrontar, repitiendo el mismo ciclo.

Lamentablemente, el buen debate se ha perdido. Además, muchos candidatos a la Presidencia han enfocado sus campañas solo en hablar del presidente. Como he dicho en varias ocasiones, el país sigue; el presidente se va el 7 de agosto al terminar su mandato. Ese es el sentido de la democracia: los líderes son pasajeros y deben renovarse, en Colombia, cada cuatro años.

Y vuelvo al punto: el país sigue, y la gente necesita soluciones en temas clave como la economía, la seguridad y la salud, entre otros. También es un error decir que todos los problemas son culpa del gobierno actual, cuando muchos sistemas vienen fallando desde hace años y con el tiempo se han agravado. Se necesitan reformas serias y bien pensadas, y eso es lo que deberían proponer los candidatos, en lugar de hablar todo el día del presidente.

La oposición también debería dejar la narrativa de que “nos vamos a volver Venezuela”. Cada cuatro años usan ese discurso para asustar a la gente, pero ya no está funcionando igual. No se pueden mezclar realidades: lo que pasó en Venezuela fue extremo. Colombia tendría que pasar por situaciones muy graves, como un colapso institucional o una crisis económica fuerte, para llegar a ese punto, y eso no ha ocurrido en estos años. Sí ha habido errores, claro, pero eso no justifica los discursos alarmistas.

Lamentablemente, el debate público se ha degradado al punto de poner al presidente como el centro de todo, incluso de su vida privada. Lo repito: la figura presidencial es importante, pero no al nivel de volverla una obsesión que domine la política, los medios y la opinión pública.

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