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Vengan por mí, ¡cobardes! Y…. fueron por él

Víctor M. Alarcón Zambrano

Son muchos los análisis e interpretaciones a la captura del señor Maduro por Estados Unidos. No hay nada nuevo que analizar. Pero al margen, caben unas cuantas reflexiones que claramente indican lo que puede ocurrir en el futuro. 

El señor Trump, cercano a cumplir un año de gobierno, ha incumplido muchas de sus promesas de campaña. La más importante, dijo ser un hombre de paz y por esto está molesto con María Corina Machado, pues según él, es el merecedor de tal Nobel. De paz nada tiene, pues sus actos demuestran todo lo contrario. 

“No voy a empezar guerras. Voy a detener guerras”, dijo como candidato y hoy ya crece en varias ciudades, con miles de manifestantes, la ola de inconformidad contra el mandatario quien ha pregonado que si no vence en las elecciones de mitaca, será sujeto a un proceso de destitución en el Congreso. 

Y es que sus acciones militares en África y Venezuela no han contado con la aprobación constitucional del Congreso. “no se nos avisa, solo se nos cuenta después del hecho”, afirman los demócratas. Hasta senadores republicanos critican este abuso del poder presidencial.

¿Para que tanto espectáculo cuando en Venezuela continua la dictadura en el poder? Solo ha cambiado el nombre de los protagonistas. Discutiblemente, ésta sería la única razón plausible para justificar la agresión a una nación soberana. Pero es una realidad que el gobierno del señor Trump no tenía una planificación post captura de Maduro, y que no le importó el retorno de la democracia sino el poder económico del petróleo que desde ya, será administrado únicamente por los Estados Unidos. Ni una sola gota será negociada sin el visto bueno americano. Para la administración Trump no le ha importado más de dos décadas de asesinatos oficiales, torturas, violencia sexual, detenciones políticas, censura de prensa, represión ante la oposición, robo de elecciones y narcotráfico. 

Lo hecho en Venezuela, con esta invasión militar irracional e ilegal, desestabiliza el hemisferio occidental y da via libre a que otras potencias hagan lo mismo, como Rusia con Ucrania, o China con Taiwan.  Ahora, el señor Trump, como” jefe del mundo entero” amenaza a Colombia, Cuba, México, Irán, Groenlandia y sigue con la errada e inconcebible idea de la anexión de Canadá.

De emergencia está reunido el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero seguramente, tal como en el pasado, nada va a ocurrir. Muchas críticas, defensa, discusiones y ataques y adhesiones, pero al final nada. Igual que lo ocurrido en Panamá con Noriega, Estados Unidos no será condenado y mucho menos sancionado. 

Quien escribe cubrió en presencia las sesiones en el caso Noriega y con el embajador de Colombia en ese entonces, Enrique Peñaloza Camargo, solo comentábamos que “mucho ruido pero nada de paletas”. Por coincidencia, entonces y ahora, Colombia era y es miembro del Consejo. 

Para nada sirve el tratado firmado en tiempos de guerra en Placentia, Terranova, entre el presidente Franklin Delano Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill, en el que se establecía que las naciones grandes y poderosas jamás impondrán su voluntad sobre los más pequeños. 

¿Exitosa intervención? La historia lo dirá. Lo que si se puede afirmar es que no siempre las misiones militares americanas han tenido éxito. 

Recientemente fallaron en instalar gobierno estable en Afganistán y en derrotar la dictadura en Libia. En nuestro hemisferio, se ha intervenido políticamente en Chile, Nicaragua y Panamá y militarmente:

En Cuba 1898 ganaron con el tratado de Paris la posesión de Puerto Rico, Guam y Filipinas

En Nicaragua en 1912, tuvieron que ejercer 21 años de ocupación para terminar la denominada guerra de las bananera

En 1914, en México, fallaron en derrocar al mandatario, produjeron un golpe de estado y les tocó respaldar a un guerrillero, Pancho Villa. 

En 1915, en Haití, luego del asesinato del presidente Vilbrub Gulliane por haber ordenado la ejecución de 167 opositores, invadieron el país para proteger el comercio del oro.

En 1915, en México se les volteó Pancho Villa y entonces invadieron Veracruz para buscarlo y ejecutarlo. Nunca lo encontraron. 

En 1983 invadieron la isla de Granada porque construían un aeropuerto de servicio para Rusia. Asesinaron al primer ministro. El presidente Ronald Reagan justifico la invasión porque tenían que proteger a 600 estudiantes de medicina en la isla. 

En 1989, Panamá. Los presidentes Reagan y Bush le exigieron a Noriega su renuncia. Ante su negativa y acusado de e narcotráfico y otros cargos, los militares invadieron la ciudad de Panamá y lo capturaron. 

En 1994, Haití. El presidente Bill Clinton ordenó invasión para lograr la restitución del derrocado presidente Jean-Bertrand Arístides. 10 años después, se colaboró junto con Francia, a su derrocamiento. 

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