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Una nueva visión de la territorialidad

Guillermo Pérez Flórez

La gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz, ha pedido al Congreso de la República incluir en la Ley de Competencias, Autonomía y Descentralización mayores facultades a las autoridades territoriales en materia de seguridad y en la conducción de procesos de paz. Solicita un “parrafito” que dote a gobernaciones y alcaldías de mayor autoridad frente a la Fuerza Pública. La propuesta da en la diana de algo clave para la paz, la seguridad y el desarrollo: la gobernanza del territorio, que es uno de los problemas estructurales del país.  

La constitución del 91 – lo hemos dicho tantas veces – consagró la autonomía territorial. Art. 3 (Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, pero descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales). Y lo reitera y precisa en los artículos 287 y 298, al especificar que los departamentos tienen autonomía para la administración de sus asuntos seccionales y la promoción del desarrollo económico y social. Sin embargo, todos los gobiernos nacionales le han puesto ‘conejo’ a la autonomía territorial. El centralismo instaurado por la constitución de Rafael Núñez en 1886 ha derivado en un fetiche que pocos se atreven a cuestionar. Incluso la Corte Constitucional interpreta la autonomía en clave restrictiva, y el centralismo sigue reinando, pese al fracaso que exhibe en aspectos medulares como la seguridad, la justicia y el desarrollo.

La gobernadora Matiz reclama, para las autoridades territoriales, mayor autoridad sobre la fuerza pública. Y tiene razón. Los alcaldes son jefes de policía, pero no DE la policía. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Los alcaldes saben bien a qué me refiero. 

El viernes pasado estuvo en La Dorada (Caldas) el presidente Petro en un acto de entrega de tierras en el Magdalena Medio, quien quiso referirse al asesinato reciente de un campesino en Puerto Salgar e indagarle a la Policía por el caso, pero entre los asistentes no estaba el Comandante. “No puede ser que esté el presidente de la República de Colombia y el comandante de la Policía de Dorada no me dé aquí parte. Vuelvo a preguntar tranquilamente: ¿dónde está el comandante de la Policía de La Dorada?”. 

La Nación ni raja ni presta el hacha

En la mayoría de las ciudades y de los pueblos los ciudadanos se quejan de “la falta de autoridad”, cuando reparan en asuntos como la invasión del espacio público, los problemas de convivencia, la violencia intrafamiliar o conductas incívicas. Y tienen razón, no hay quién haga cumplir las normas básicas de policía. La errada interpretación del derecho al trabajo se ha convertido en el pretexto para que cualquier persona instale en una vía pública, en un andén o en un parque, su chiringuito sin cumplir las mínimas condiciones de salubridad ni respeto por el espacio urbano.  

 El jueves pasado, el alcalde Carlos Fernando Galán se reunió con el presidente Petro. ¿Y cuál fue su pedido principal? Aumentar el pie de fuerza: “Hay 4.000 policías menos que hace 12 años”. La misma queja de su antecesora Claudia López. Le asiste razón. Un estudio realizado en 2019, por la Fundación Paz y Reconciliación, Pares, demostraba que Bogotá estaba por debajo del promedio nacional de policías por cada 100.000 habitantes (354). Mientras el Distrito Capital tenía 238, Bucaramanga y Tunja 686 y 621, respectivamente. Por supuesto, no existe garantía de que a más policía, más seguridad. Pero muchas personas se pasan la ley por la faja porque en efecto no hay quien la haga cumplir. 

Estamos en mora de abrir una conversación sobre la conveniencia de que existan otros cuerpos de policía diferentes a la Nacional, para labores relacionadas con la convivencia y la seguridad ciudadanas. La policía local debería ser una opción para que cada municipio la evalúe. Manteniendo en cabeza de la Nación la tutela de las armas. Y por qué no también, para que en algunas zonas críticas los departamentos puedan establecer cuerpos de policía.   

El desafío de la gobernanza territorial 

En el sur de Bolívar el Eln y el Clan del Golfo están enfrentados en una guerra por el dominio territorial, léase por el control de dos negocios ilícitos: cocaína y oro. Es una confrontación que comenzó en los años 80, y se reeditó con los hermanos Castaño, Macaco y Julián Bolívar en los noventa y comienzos de este siglo. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, esta región es la cuarta con mayor producción de coca (37.524 hectáreas en 2023) y la tercera con más minería de oro a cielo abierto. El 75% de esas explotaciones carecen de permisos técnicos y ambientales y, de acuerdo con cálculos de las Fuerzas Militares, producen más de cuatro toneladas de oro al año, que pueden costar unos 420 millones de dólares (1,64 billones de pesos).[1] Una parte de la población está atrapada por esta violencia, sin que los alcaldes ni el Gobernador puedan hacer casi nada. 

Si se quiere que la Policía Nacional (y no las fuerzas militares) combata la delincuencia organizada y proteja de manera efectiva el patrimonio natural hay que aligerarle las cargas, y permitirles a las autoridades territoriales participar en sus decisiones estratégicas. Alguien dijo que la definición de locura es hacer lo mismo y esperar resultados distintos. La guerra antidrogas es un buen ejemplo, tras cincuenta años de fracaso. 

Matiz propone otorgarles competencias para adelantar procesos de paz, alegando que son quienes “conocen el territorio”. No le falta razón. Por supuesto es algo más difícil, pero puede estudiarse. Técnicamente, descentralización y autonomía son cosas distintas, esto por supuesto no impide armonizarlas con enfoques diferenciales según cada territorio. Hay que quebrar la tendencia a homogenizarlos. A estas propuestas les puede faltar elaboración (tampoco basta un simple “parrafito”), lo cual no significa que carezcan de fondo. 

En medio de la pobreza programática de la actual campaña presidencial no estaría mal que iniciativas de este tipo se estudiaran y debatieran. Si la oposición quiere ser alternativa en el 26 debe salirse de la trampa en que se ha metido, al creer que la descalificación sistemática a Petro es suficiente argumento. Y si las fuerzas progresistas quieren conservar el Gobierno, harían bien en demostrar que tienen propuestas viables, más allá de defender a los desposeídos y darle continuidad a las políticas del Presidente. Hay que construir una nueva visión de la territorialidad.


[1] (https://elpais.com/america-colombia/2025-09-20/el-clan-del-golfo-negocia-la-paz-mientras-combate-con-el-eln-por-uno-de-los-mayores-enclaves-de-coca-y-oro-en-colombia.html

Este artículo ha sido publicado en EL PAÍS de Madrid en su edición América.

https://elpais.com/america-colombia/2025-09-24/una-nueva-vision-de-la-territorialidad.html

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  • Rubén Ramirez
    septiembre 24, 2025 at 3:07 pm

    El gran periodista colombiano PÉREZ abre el debate de las competencias territoriales entre ellas lo concerniente a las funciones y acciones policiales. COLOMBIA hoy no está preparada para las policías locales. En los años 50 tuvimos esa experiencia y fuera de las quejas cotidianas de las amas de casa porque el POLICÍA 👮‍♀️ DE LA ESQUINA dejaba embarazada a la funcionaria del hogar ésta policía tomó partido en la disputa partidista y fue nefasto en esa época de violencia. Hoy una policía local en manos de alcaldes y gobernadores al servicio del narcotrafico, la corrupción y la polarización no es un buen augurio. Inclusive cuando hace alusión a la iniciativa de la gobernadora Matiz es el ejemplo claro …una mandataria Seccional que va en contraposición a las iniciativas del gobierno nacional imagínese haciendo acuerdos de paz sectorizado o acciones policiales a favor de su mentor el Senador Barreto para ocultar sus dudosas actuaciones en contra de sus contradictores. Almas benditas del purgatorio.

  • App đồng hồ bấm giờ học tập
    septiembre 25, 2025 at 10:09 am

    ¡Qué lectura tan necesaria! La autonomía sigue siendo un misterio que solo la Corte Constitucional parece entender de forma restrictiva. Y claro, si los alcaldes son jefes de policía pero no DE la policía, ¡qué expectativa más realista! Es como ser capitán de su propio barco sin el motor. Mientras tanto, el presidente pregunta por el comandante y ¡puf! se desvanece. La seguridad ciudadana parece un capricho del destino, no una política pública. Pero ojo, con más policía no siempre llegamos a la solución, solo a tener más ojos para ver cómo la gente pasa la ley por la faja. La idea de nuevas fuerzas locales es una locura encantadora, ¡a ver si los departmentos también se animan a crear su propia policía! La gobernanza territorial, ¡qué desafío tan… ¡inventivo! Esperemos que pronto se abra esa conversación, aunque sea después de cincuenta años de intentos fallidos.

  • the vow
    septiembre 25, 2025 at 11:47 pm

    ¡Qué titulares tan apetitosos! Este artículo es un festín de críticas y reivindicaciones para la policía local. Si la Nacional ya no da abasto para que los alcaldes sean jefes de *policía* (y no de *la* policía), ¿no sería lógico que en zonas como Bolívar los departamentos se lancen a crear sus propias fuerzas, tal vez con un toque regional? Claro, siempre y cuando la Nación siga vigilando las armas, ¿qué os parece? En fin, un debate necesario en esta era de la gobernanza territorial, aunque a veces parezca que más警察 (policías) no significa más seguridad, sino más quebraderos de cabeza por la falta de cumplimiento. ¡Algo hay que hacer, y rápido!the vow

  • Đồng hồ đếm ngược 5 phút
    septiembre 25, 2025 at 11:51 pm

    ¡Qué titánico debate sobre la autonomía! Si la Corte ya lo interpreta restrictivamente, ¿quién nos va a decir a los alcaldes qué hacer? Parece que el centralismo sigue disfrazado de autoridad regional. Y claro, si no hay quién haga cumplir las normas, mejor inventamos chiringuitos en los andenes. Más policía, más seguridad es un mantra que la Fundación Paz y Reconciliación parece haber desmontado hace tiempo, pero bueno, a más muñecos más juego. Quizás descentralizar hasta el control de la cocaína y el oro sea el paso siguiente. ¡Al menos que los alcaldes puedan negociar la paz con el Clan del Golfo mientras tanto! La única autogestión que parece funcionar es la de los narcos en Bolívar. ¡Qué nueva visión tan… realista!

  • アイム ノット ヒューマン
    septiembre 26, 2025 at 3:39 am

    ¡Qué titánico debate sobre autonomía y centralismo! Parece que hasta los policías locales necesitan un permiso municipal para dirigirse a su propia gobernadora. Mientras el presidente y el comandante de la policía se pierden en La Dorada, los alcaldes rechinan dientes por un mando real sobre la fuerza pública. La queja de falta de autoridad es casi un clásico urbano, un poco como esos chiringuitos que invaden el espacio público bajo la excusa del derecho al trabajo. Y claro, pidiendo más policías cuando incluso Bogotá baja del promedio nacional es como pedir más sopa si el estómago ya está vacío. Quizás la solución sea que los municipios evalúen si quieren su propia policía local, ¡si no es que el Clan del Golfo y el Eln empiezan a negociar la paz entre ellos mientras nosotros discutimos quién manda a quién!

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