Víctor Alarcón Zambrano
Y voló seis horas, desde el estado de Washington hasta la ciudad de su mismo nombre, no para celebrar el día de acción de gracias, como lo hacen 92 millones de americanos que viajan a compartir la celebración con sus familias, sino para llegar al antejardín de la Casa Blanca y con un revolver abrir fuego contra los miembros de la guardia nacional que vigilan la mansión presidencial. Un guardia, Sarah Beckstrom de 20 años murió y otro, Andrew Wolfe de 24 permanece en estado crítico.
El atacante afgano, Rahmanullah Lakanwai, 29 años, excolaborador de la CIA, llegado al país en el 2021, fue gravemente herido y arrestado y ahora enfrenta muy seguramente la pena de muerte. También trabajó con el ejército norteamericano durante la guerra en su propio país.
Pero este no es el final. Su país entero es responsable del crimen y millones más de extranjeros en EE UU van a sufrir consecuencias directas por esta acción criminal.
“Vamos a expulsar a cualquiera que no encaje aquí. A cualquiera que no sea compatible con la civilización y cultura occidental. (Me pregunto: ¿incluye aquí a la cultura musulmana?). Vamos a suspender todas las prestaciones sociales y beneficios federales a los no ciudadanos. Los extranjeros abusan, miren cientos de refugiados Somalíes se han tomado el estado de Minnesota. Detendré desde hoy la migración de los países del tercer mundo, hasta que nuestro sistema se recupere totalmente”, escribió un enfurecido presidente.
La fuerte reacción presidencial que menciona a “todos los países del tercer mundo,” aunque no mencionó específicamente nombres, ha sido usada en el pasado para referirse a los países más pobres, entre ellos a Afganistán, 11 países entre África y Asia, Cuba, Haití, Irán, Somalia y Venezuela.
Vale la pena recordar que en su primer gobierno, Trump prohibió el ingreso al país de ciudadanos o viajeros procedentes de Cuba, Irán, Libia, Corea del Norte, Somalia, Sudan, Venezuela y Yemen.
El señor Trump aprovechó el infausto suceso para condenar a la administración Biden y a los demócratas por su laxa política migratoria. En el periodo de la posguerra contra los talibanes, luego de la caída de Kabul en 2021, Estados Unidos aceptó 190mil afganos, que como el atacante, fueron beneficiados con sus familias, con legislación migratoria especial por haber asistido, o haber sido miembros, de las fuerzas estadounidenses durante la guerra. Ahora, todas esas entradas y/o admisiones van a ser rigurosamente revisadas, y por lo pronto, todos quedan bajo sospecha y posible deportación.
Desde el mismo día del atentado, todas las solicitudes de inmigración de afganos están suspendidas, no hay trámites migratorios para ese país. “Esta decisión se toma hasta tanto no se revisen los protocolos de revisión y control”, dijo la CB.
La ONU reaccionó exigiendo respeto y cumplimiento a los términos aprobados en la Convención sobre los Refugiados de 1953, de la cual Estados Unidos es miembro.
La Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración también rechazó los términos y la reacción de la CB. “La ofensiva del presidente Trump equivale a culpar a todos los migrantes a Estados Unidos por lo ocurrido en Washington”, dijo su presidente Jenny McKinney. Luego agregó, “Este tipo de acciones criminales no son exclusivas de color de piel ni de nacionalidad. Cuando una persona se radicaliza o padece de algún tipo de enfermedad mental, puede producir cualquier crimen”




