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¿Conflicto armado?

Alfonso Gómez Méndez

Dos episodios recientes de orden público han vuelto a hacerme reflexionar sobre la manera equivocada como desde hace muchos años hemos afrontado temas esenciales desconocidos en el actual debate presidencial: conflicto armado, orden público, justicia e impunidad, no solo la judicial sino también la política y social.

A raíz de los bombardeos en el Vaupés en desarrollo de la persecución legitima contra grupos ilegales, como consecuencia de los cuales se pensó inicialmente en la muerte del temible y temido “Iván mordisco”, el ex ministro de Salud y conocedor como pocos de los procesos de paz, Camilo González Posso, concedió una amplia entrevista a Blu Radio con avezados periodistas como Néstor Morales y Felipe Zuleta, que sirve para clarificar muchas ideas sobre el hoy inexistente “conflicto armado”.

González Posso goza de merecido prestigio como hombre de paz y de sólida formación de izquierda. Dijo claramente que los grupos armados de hoy no tienen ninguna connotación política y que su meta no es como antes reemplazar al Estado sino lograr por medio de la intimidación que se les permita desarrollar sus actividades criminales asociadas principalmente al narcotráfico y la minería ilegal. Dejó entrever que mientras dialogaban con el gobierno seguían delinquiendo, que ni siquiera tienen una organización jerarquizada.  Nada de objetivos políticos.

El otro episodio, es la preocupación de la Sra. fiscal general, Luz Adriana Camargo, por el hecho de que cuando alias Calarcá -jefe de las disidencias de las FARC- y otros, fueron capturados en carros oficiales -al parecer de la UNP-, con armas, dinero en efectivo y hasta un menor reclutado, se vio obligada a ordenar su liberación pues, por orden del gobierno, este grupo y su jefe habían sido beneficiarios de la cancelación de las órdenes de captura, por ser considerados “gestores de paz” dentro del marco de la paz total. Aquí también seguían delinquiendo a pesar de que estaban “negociando”. La Fiscal, con razón, pide ahora que se reactiven esas órdenes de captura por este y otros hechos, revelados una vez más este domingo en el noticiero de Caracol Televisión.

Casi durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va corrido del XXI, la estrategia para conseguir la paz ha sido la de amnistías e indultos que en muchos casos se aprovechan para seguir en armas. La excepción principal fue el proceso con el M-19. El proceso de paz con las Farc durante el gobierno Santos fue parcialmente exitoso por la desmovilización de más de diez mil combatientes. El fracaso parcial se ha dado por varias causas: el Estado no ha sido capaz de parar el asesinato de centenares de firmantes ya en su condición de desmovilizados. Firmado el acuerdo, no copó las zonas dejadas por la guerrilla lo que dio lugar a que otros actores armados se apoderaran de ellas.

El actual gobierno desnaturalizó la figura del “negociador de paz” convirtiéndola, como se deduce de las declaraciones de la fiscal, en fuente de impunidad pura y simple. Nadie se ha preguntado cúales han sido las negociaciones que Calarcá, Mordisco, Mancuso y tantos “gestores” han facilitado para llegar a la normalidad. Seguimos hablando de un “conflicto armado” que ya perdió su naturaleza. Desde luego, abandonamos el componente social de la antigua confrontación política armada. No podemos seguir buscando la paz con impunidad permanente. No puede seguir siendo válida la tesis de que la aplicación de la justicia es un obstáculo para lograr la paz. Los candidatos deben salir de las generalidades a las propuestas concretas para la resolución del aparente conflicto entre justicia y paz.


 AURA LUCÍA MERA

Fallecida este domingo en su amada Cali, fue una admirable mujer por muchas razones: en un país de farsantes, vivió su vida de manera auténtica y coherente; culta, convencida de sus ideas, siempre contestataria de su clase, de su entorno, de los prejuicios sociales, comprometida con la cultura y con causas populares, vivió y murió como quiso ordenando cómo quería ser despedida de este mundo que a veces, no la entendió. Tengo con ella la gratitud de haberme aceptado en 1994, hacer parte de una lista – casi de quijotes- al Senado cuando se inauguraba la circunscripción nacional, al lado de María Teresa Forero y Hernando Gómez Buendía. Creíamos en el voto de opinión y no salimos ninguno. En ese momento, en cambio, por el partido liberal, una de las más altas votaciones al senado fue la de Santa López Sierra. Un solidario abrazo a la familia de Aura Lucia.

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