Darío Ortiz
El mundo “democrático” parece estar sorprendido porque Estados Unidos esté actuando como Estados Unidos. Hablan voces expertas que es el fin del orden internacional surgido tras la segunda guerra mundial. Que ahora, por la visión de un megalómano, tiembla América Latina. Que la operación de secuestrar a Maduro para llevarlo ante su justicia era solo la excusa para quedarse con los ricos recursos naturales de los venezolanos. Que está interviniendo los prístinos sistemas electorales del continente. Que bombardeó en Nigeria, Yemen e Irán. Que anuncian el deseo de quedarse con Groenlandia y retirarse de no sé de cuántas agencias multilaterales. Y todo esto tras excusas que no parecen muy válidas, como el tema del narcotráfico; que en África matan cristianos, o que buques chinos navegan cerca de Groenlandia.
Pero a mí, un ciudadano cualquiera con más de 5 décadas leyendo noticias, lo que verdaderamente me sorprende es ver a tanto experto, a tanto especialista, a tanto opinador veterano rasgándose las vestiduras, anunciando el apocalipsis y diciendo que esto que hoy vivimos es algo que nunca había pasado. ¿En qué mundo perfecto y utópico no había pasado?
El orden de la posguerra
Aún sin terminar la Segunda Guerra mundial, en una servilleta en Yalta, Churchill y Stalin determinaron las zonas de influencia del capitalismo occidental y el comunismo soviético en la posguerra. Con cifras y porcentajes de dicha repartición. Lo cual dejó listo al mundo para la cortina de hierro y 45 años de guerra fría. Algo similar a lo que seguramente debieron hacer Putin y Trump en su cita en Alaska, donde aparentemente no decidieron nada importante. El presidente Franklin D. Roosevelt fue el cerebro y el más entusiasta partidario de ese mundo regido por normas que nacía con la ONU. Desde entonces, Estados Unidos ha sido, por mucho, el país que menos caso ha hecho a las normas que ayudó a construir y a los deberes y obligaciones de esa institución y de todas las instituciones surgidas a partir de ella.
El intervencionismo norteamericano en el resto del continente nace con el origen mismo de la consolidación de la independencia Americana, y ha ocupado gran parte de su larga historia guerrera, que comenzó a finales del siglo XVIII cuando marines estadounidenses ponían sus botas en la ciudad de Puerto Plata en República Dominicana. Antes de la proclamación de la Doctrina Monroe en 1823, con la excusa de enfrentar a los piratas, que sin duda eran un gran flagelo, las tropas americanas actuaron en Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo (actual República Dominicana) y Yucatán y ya habían logrado obtener de España La Florida, tras el acoso, la invasión y múltiples enfrentamientos con las fuerzas españolas y los indígenas que la habitaban.
El resumen de las acciones belicistas de Estados Unidos acomodadas a sus particulares intereses desde el siglo XIX necesitaría muchas páginas. Solo en Colombia, donde se recuerda la pérdida de Panamá con su intervención y apoyo en 1903, olvidamos que precisamente ahí las tropas estadounidenses, cuidando sus intereses, habían desembarcado, actuado y echado unos tiros en 1856, 1860, 1865, 1868, 1873, 1885, 1895, 1901 y 1902…
Pero luego de ese orden basado en reglas tras la fundación de la ONU, las tropas americanas siguieron lanzando bombas y echando tiros a diestra y siniestra: Desde 1950 Wikipedia contabiliza 168 acciones militares extraterritoriales.
Breve repaso a la historia de las intervenciones
En Hispanoamérica comenzaron con las acciones contra los independentistas puertoriqueños en 1950, pero lo hicieron en Cuba, que ya se la habían querido quedar, promoviendo la invasión de Bahía Cochinos, bombardeando Guatemala entre el 67 y 69, o en Honduras en 1988 para protegerla de los sandinistas, frente a quienes la CIA ya había armado y financiado a los Contras con dinero del narcotráfico y de la venta ilegal de armas a Irán. En esa década de 1980 también invadieron Granada en las Antillas y a Panamá para llevarse al General Noriega, dejando miles de muertos en esas acciones. En este siglo se estrenaron con una invasión a Haití entre 2003 y 2004 que termina teniendo el respaldo de la ONU y hasta tropas Colombianas sobre el terreno
Además de las acciones militares directas, según un informe publicado en Los Ángeles Time por el politólogo Dov Levin entre 1946 y 2000, Estados Unidos realizó al menos 81 intervenciones abiertas y encubiertas en elecciones extranjeras y es fácil recordar las intervenciones de cambio de régimen de este siglo en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Libia, Yemen, Kirkistán, Siria y por supuesto Palestina donde por orden de Bush y a espaldas del congreso norteamericano armó la milicia Fatah para que atacara y derrocara a Hamas, que había ganado las elecciones legislativas, antesala de la situación actual en la región.
En el recuento del historiador John Coatsworth, Estados Unidos llevó a cabo 41 cambios de régimen en América Latina durante el siglo XX haciendo un recuento hasta 1994 y sin que se haya levantado aún el secreto sobre muchas otras operaciones encubiertas.
Con ese rápido recuento los sucesos de Venezuela no debían sorprender a nadie, así como tampoco el bloqueo naval contra los petroleros, acción que en el pasado ya habían ejercido contra Iraq, Libia y ocasionalmente contra Irán, pese a que los bloqueos y las demás acciones unilaterales se consideran contra la carta de la ONU y han sido rechazados en numerosas oportunidades por la asamblea general de las Naciones Unidas, siendo Cuba el caso más emblemático. Múltiples investigadores han señalado una relación directa de esas sanciones norteamericanas o promovidas por ellos, con la debacle económica de esos países. Vale la pena recordar que de 1999 al 2003 la ONU tuvo que intervenir en las sanciones contra Iraq con el programa “Petróleo por alimentos” para mitigar la hambruna ocasionada por el bloqueo.
Las propuestas para Irak o Libia también pasaron por la visión actual de Trump de manejar a su antojo las ganancias de las ventas petroleras hechas con pírricos márgenes de ganancia.
Datos del Center for a New American Security (CNAS), con sede en Washington, muestran que entidades de 100 países son objeto de sanciones financieras por parte de Estados Unidos, más de la mitad de los 193 países reconocidos por las Naciones Unidas.
Así que el Estados Unidos liderado por Donald Trump actúa como Estados Unidos ha actuado siempre, incluso en el álgido tema de Groenlandia, territorio sobre el que tienen intereses desde 1868, cuando un secretario de estado mandó estudiar la compra de Groenlandia e Islandia, tras la negociación de Alaska a Rusia. Posteriormente el presidente Taft propuso a Dinamarca en 1910 el intercambio por islas del archipiélago filipino, y el presidente Harry Truman les hizo una oferta formal para adquirirla por 100 millones de dólares en 1946. En su famosa iniciativa de defensa estratégica “Guerra de las Galaxias” de 1983 que haría obsoleta la confrontación nuclear, el gobierno Reagan consideraba necesaria la posesión de Groenlandia como parte del plan para llevarla a cabo.
Las diferencias con el hoy
Sin embargo, en el panorama actual existen dos notables diferencias en el accionar norteamericano durante el gobierno Trump. La primera, que parece que hoy hay una pérdida de la discreción del presidente y sus halcones para expresar sus intenciones y la manera de llevarlos a cabo posiblemente por la consolidación de la comunicación a través de las redes sociales. La segunda diferencia, no menos importante es en los resultados de los ataques llevados a cabo en su primer año frente a los objetivos propuestos. Valga la pena recordar que las acciones mal planeadas por el gobierno Clinton contra Yugoslavia, las de Bush contra Afganistán e Irak y las de Obama contra Libia tuvieron resultados desastrosos en número de vidas humanas, en que no pudieron deponer a Milosevic en Yugoslavia, ni capturar al Mullah Mohammed Omar, líder de los talibanes en Afganistán, y que resultaron con los asesinatos de Hussein y Gadafi, mientras que esas naciones quedaban sumergidas en un caos del cual aún no se recuperan.
El propio Obama reconoció posteriormente que su mayor error fue como se desarrollaron las acciones en Libia por haber sido mal planeadas. La operación en Venezuela con la captura vivo de Maduro, la ausencia de bajas norteamericanas, las pocas víctimas en el terreno, que el país no haya quedado de cabeza y los rápidos acuerdos sobre el petróleo, son motivos de celebración para la cúpula militar y política norteamericana que llevaba décadas sin una acción similar tan exitosa. Es una victoria que seguro los envalentonara para intentar otras acciones que les permitan seguir actuando como siempre han actuado los Estados Unidos siguiendo únicamente las reglas de sus propios intereses. Dejemos entonces de fingir sorpresa.




